Avanzar

para abrazar no permitas una lágrima negra o

 

abuses de las letras que nombran las losas, bálsamo arrugado de las estancias que reclamas.

 

con las manos no exijas más sin la escucha, los nombres que dices que saben y que tocan con navajas las voces rojas que se arrojan.

 

no has de avanzar sin soltar las armas que te clavas. no has de avanzar ahora sin la rendición previa. ahora suelta la voz la soga que te ahoga. entierra los manuscritos negros que lees en voz alta.

 

temporal la palabra que se repite y que gira. es negra ahora la voz que vuela baja.

baja sobrevuela la tierra, tanteando las piedras. dónde posar las garras?

terreno pedregoso de los nombres donde se auscultan las paredes del útero; se arrojan, pensamiento tras pensa- miento, en las estancias ahumadas.

 

se estancan las palabras en las habitaciones sin los ojos. el ojo no se abate con los nombres que pulsan la sed de los pobres. pobre de espíritu es el último de la fila que no sabe. no sabe con sus ojos y está tartamudo en los suelos pe- dregosos de las habitaciones. donde los nombres insultan amarillos de sed y de rabia.

 

para salpicar vaya Ud. ahora a la cuarta planta. donde los nombres no rozan apenas su esencia blanca.

 

y busque ahora si puede una palabra

que redima a la flor pisada al ojo del animal sin muerte con su mirada

 

a la flor pisada al ojo del animal a la hierba fresca

 

no es perenne la saliva que se traga. nada en el orín con la saliva, nada en la polilla cadavérica, nada con la mano abierta sobre la tierra. nada con los buitres que acosan a los cadáveres inminentes. nada con los palos y las piedras en la Tercera. nada

 

con los ojos clavados en la nada. nada con la mirada incierta como una hoguera

 

palpita y crepita como si llorara.

avisada está la voz que gritaba, ahora sabe el grito por qué hacia dónde.

la voz se quebraba y el llanto no era nada. sólo la narrativa del moribundo que no ve, sólo se arrastra.

 

decir pasado 

 

consume la razón última que percuta los rosas abatidos del pelo. estoy en la pregunta con los lenguajes que rondan los jardines perforados por los nombres. las flores se ahogan en los pantanos, cenagosa la palabra que amarra. el lenguaje, otra lengua, percuta los abismos insondables del hombre. vamos a remontarnos al pasado para decir lo que el presente abre. estamos siempre al compás de los muertos silentes. pero ahora sin lenguaje respiran los bosques. estoy con los cerezos rosados que caen con sus flores.

 

alas que se abren. en la caída perpetua con las flores que se abren.

 

voy a abatir el nervio inconexo ahora por la salud de mis hijos. mataron al padre con la orfandad de los términos. estamos en la disolución con las lagunas que ahogan a las mujeres. estoy en la laguna sola de luz, encorvados los conductores. almas encorvadas con las últimas resoluciones. comprender ahora la laguna que pregunta. contiene los hilos que amarran los nombres para la elaboración de los duros perfiles.

 

así en la permanente gestación de los nombres, el agua diluye lo pasado para decir con el pasado el hombre. está el hombre viviendo en un duro perfil del vacío. señalar lo muerto y habitar lo muerto que aún vive. pero el pensamiento es duro e ingrávido e irreal, e irresoluble.

 

vamos a matar lo muerto para que ya no muera más. para que los nombres que usamos no surjan enhebrando las preguntas y consultando los términos para la conversión de las almas.

 

hoy la velocidad es máxima pero no hay movimiento, la energía que supura por los dedos abrasa el combustible oculto bajo  las ramas.

 

 

Copular

 

 

tú sabes que la luz limpia hiende los versículos sucios de

sangre, de bilis que hierve. de hambre. tú sabes que no sabemos estar con el olor que hiede. sino que sabemos escalar las obras inacabadas con los reptiles.

 

estamos en el proceso de construir las ciudades que se derrumben.

estamos construyendo para que todo se desmorone. estamos con los ojos en la disolución de los gérmenes que

polucionan.

 

con los gérmenes disolutos de los nombres

 

que vierten y conmueven a los seres indisolubles.

 

la lama no es vertical, sino que se extiende. construir hacia delante es cercar el territorio que no se recorre.

 

yo diría algo entre las nubes que resuene. diría hábitos y copular y corrientes. diría con los dedos «alcanzo lo que hierve y toco levemente lo que es leve».

 

quiero ver el orden que cerca las formas que se disuelven. quiero convertir en el ojo la disolución sin término. quiero hervir con las partículas tiernas que bailan. quiero hendir con mi mano disoluta la partícula ilusionada. quiero abrir los senderos de la pierna o el brazo que se aferra. quiero recorrer vertebral la cuesta empinada que te encumbra.

 

quiero verter mis líquidos sobre tu espalda húmeda del liquen y de las hierbas. quiero convertir la hierba en la sangre de las venas, y convertir las venas en la letra de un alquimista. convertir sin formas lo informe en la vida una

 

 

Espiga sola

así hago tu voluntad torpemente, hasta donde puedo.

 

 

así me convierto en la espiga sola mecida por el viento.

 

 

así congrego a mis amigos sin apelación de nombres, y separo las formas incontables, y las destruyo.

 

estoy en la apelación con los nombres, y silbo al viento que me circunda, y a las olas que son una. y a los dedos que nunca tocan.

 

sin apelación de nombres, nunca tocamos nada. nadamos en la incertidumbre absoluta. y no decimos sino amarillos en lo azul perenne que nada significa.

 

 

Barca hundida

sin el desgarro díctame blanda la ruptura. la ruptura de

tejidos opacos, que marcan tiernas formas ondulantes. si aún no conoces las palabras que dan nombre a la sutura de la herida, permíteme escuchar la melodía que abrasa los nombres en amarillos. suturados los labios. los dedos en sutura. costura del cuerpo, amarrados los muslos a una barca hundida.

 

costura, mano en la pregunta. abierta como venéreas en gestación de nombres. costura de la mano, que abrasa abrasa y apaga la voz que no escuchamos. díctame blanda la ruptura para que la cabeza yazca plácida. con ojos vueltos hacia la calma acolchada que nos acuna. piedad graciosa en la sombra.