ALGUNOS POEMAS

UNIVERSALIA ANTE REM, (NEOPÀTRIA, 2015)

PASOS HACIA EL SOL

(poema largo en siete actos)

                                                                                                                            A Olvido García Valdés   

 

paso primero

 

 

no hay nadie para herir, no hay nadie.  con los estribos sueltos del caballo, con la soga ávida de escalofrío, no hay lengua. no hay avidez, hay la prisa, hay la mano que yerra. hay

 

la rendición de las culebras. hoy con el dolor que aprieta, subyuga con ella, la perdición cierta. hoy con el dolor que punza, subyuga incierta la letra.

 

no convierte la letra, no acuna la hiedra que yerra incierta entre muro y vista que sofocan.

 

hoy yerra la muerta sustancia de la hoja rota.

la hoja sangra su líquido, y viscoso cose

como resina que brota y congela los ojos de las orugas. bellas sin muerte, conservadas entre la hierba. la pulga que dice su minuto.

 

hoy arranca con los nombres sutiles la declaración de independencia. la hiedra dice trepa, insigne con los hombres, pero cae la mano que dice el nombre. y quién

quién sino yo se aparta, parte, cae. no me incumbe

el ruido de los alemanes con su siembra y su deutsche.

 

no sé hoy cuando rompes la sal de las letras. no sé hoy cuando hoy rompes la sal de la boca, la sal que sangra

embadurna las cuerdas, tensas.

 

si hoy considero los nombres para la deflagración última que me libera, si hoy sostengo la sal que da sabor a la hiel húmeda

hoy temo, pues, la pérdida, la disolución de los yoes que decían.

hay que morir mil veces en la tierra, dejarse herir y devorar por las especies que disertan sobre la alfombra de hierba. largo porvenir verde que tejen los animales. de siembra en siembra, de hoja en hoja. inculta la tierra que no sabe, perdura abierta, hacia la luz intensa que penetra.

 

asombra, como signo incierto de civilización antigua, la larga extensión de preguntas que se enhebran. pero sólo una, una es necesaria. una sola cosa

 

es necesaria[1].

 

no hay nadie aquí, no hay hoy, no hay mí. pero arranca-no esta hebra, arranca

no esta tierra que me oculta en tu cueva.

 

no me encumbres más Sol avaro que dices luz intensa en los cielos inhabitados. hoy no-arranca la melena de la tierra. no-arranca la hebra semi partida.

hierve la herida. hoy incierta es la letra, hoy el techo es incierto, la hebra se consume lentamente, ávida e hipertensa. qué genera y engendra la pluriempleada tormenta que alumbra la tierra.

 

si consideras hoy un momento la blanca pared que es un reflejo del blanco intenso y sostenido del espejo

 

hoy si consideras el espejo ávido de mimbres resolutos unidos por el ojo.

 

hoy si consideras el ojo abierto en luz y entrecejo, consideras el ojo abierto en luz consumido haciadentro. el ojo cierto, para no ver lo claro y reflexivo del nombre pendejo.

 

hoy no considero ni convengo

con los nombres que abrigo

los ojos intensos que soy en Tu reflejo,

los ojos que eres en mi paso solo sin estar en el suelo

converso.

 

el abecedario considera los nombres la herramienta ideal para digerir con su sed la sed del mundo ciego. el mundo ciego considera la lectura como oráculo, pero no se adentra en sus reflejos. abruma con sus nombres la verdad distinguida, pero no asoma-no la luz roja de la herida que

transforme brevemente la mirada oculta.

 

me consumo pues con la tierra y deshago los hielos para no yacer más con ella. no me seducen los parajes encumbrados de las arenas que son corredizas y ya no ocultan vida. no me conducen más las arenas por los rincones que se abisman y se derrumban.

 

[1] unum est necessarium, Lucas 10:42

 

paso segundo

para abrir con el hierro fundido de la lengua la senda amarilla que se quema. para consolidar con los nombres todas las mentiras descritas[2]. para fumigar con la nieve todos los campos y sus siembras. para que diga en el blanco abierto de los ojos que no miran las consignas

repetidas de las paredes que se elevan

como prisión fingida:

 

la sola repetición que apunta a la vertiente derramada, pura que no significa pero emana.

la luz sola que siembra las palabras. la palabra repetida en su círculo que encierra la simiente que se enjambra.

los ojos que se extienden

hasta que el pecho no duele. el pecho se abre y no hay hombres. con la palabra en repetición me enjaulo como pájaro pequeño,

pero canto entrerranuras y contemplo el espacio

interior de las cosas sin nombre que abarco.

 

con los nombres que no toco enjambro con los dedos los espacios contenidos en el sinfín de alientos y de vahos. y Tus ojos no nombro

me resbalo, por las vertientes vertiginosas que no amago

a tocar con los labios. ya que con nombres no diré Lo Amado ni con dedos tocaré si acaso el campo despedido de los electrones amargos.  no tocan ni son ni se eximen de las culpas que atribuyo.

 

no consciente como ellos, en la corriente abrumada y sucia del heno y del estiércol, me confundo y fundo con todas las peonzas socorridas en su bebida y su hiel

que contiene la repetición segura para girar y repetir lo que grita entre las sienes.

 

si pudiera atravesar estando yo a un lado, la piel que permanece. a través de Ti, trasciendo las corrientes y me elevo, para con diótima[3] aprender a sobrevolar las vertientes contenidas del nombre humano.

 

construyo hoy, me derramo en lo brevemente colmado. me derramo con lo que colma largamente los ríos y me desbordo y me seco y me trasvaso. pero nada, nada sacia más allá del cuerpo encorvado y grosero.

 

me ausento. ya no estoy en las cercanías del nombre que gobierna. desearía sostener hoy la verdad cálida en la boca que lame las columnas y los senos. pero los nombres no se yerguen sinfín, y el ojo no ve sino su entraña vacía.

 

me convulsa la palabra, pero no me rasguña. no toca la piel invisible de las cosas que vibran. con su canción lenta la tierra respira.

 

paso tercero

 

déjame esta piedra loca que me abruma sin contenidos. deja que esté y rompa la vertiente contenida del llanto. deja que no contenga la compuerta abierta, la caída sin fin del agua en la laguna negra. hoy no sé si compartir con la letra la luz que decía entreabierta. no sé la letra que sangra, ni la luz sostenida por la lengua que me abrasa.

 

hoy sólo quiero vibrar con Tu silencio.

 

aúna ahora las perlas del suelo. muerto el animal quedó su cuerpo negro. quedó negro su cuerpo, con la concha abierta en el suelo abierto. no contengo más la palabra que conduce a la duna que baja. no bajo más por las vertientes del llanto que dice la sal amarga y el conato. no aviso más con los nombres puestos gritando. ciega me muevo en el silencio que no hallo. no hallar la vacua calidad del aire invisible que respiro. no yacer incontenible en el silencio con que me bato. no negar más la voz sola que conduce a los parajes bellos. no contener sin avisar la luz última que decías, antes de consumir Tus alimentos.

 

no sabe el agua que ondula, su baile incontenible ni su moldura. no sabe con la luz apretando los confines del hábito solemne.

no sabes la luz abierta con el nombre. no sabes la contención ridícula que te conduele. no conviertas más los amarillos del sopor en las tardes ciegas del moribundo. no conviertas más la hez bella que contienen los campos de raíces.

 

sí, dije aún con la niebla, dije aún con la voz que se quiebra. dije

ahora con los dedos ahora

la luz generosa la luz tibia.

 

no sé dos ojos vibran amarillos, ciegan la incertidumbreúltima.

 

dos ojos ciegan amarillos, vibran y sacuden los confines que me contienen. quiero expandir el territorio del hambre. que la abruma sacuda la hiel inerme y produzca Nombres Simientes.

 

solloza la simbología de los términos. no conmutan ni convencen. enrarecen con su fiebre la sed que recorres, y no dicen.

padeces la soledad del término.

 

 

 

 

paso cuarto

 

para consolidar los amarres de los nombres, díctame blanda la ruptura. díctame ahora la rendición segura en los patios vacíos que no se visualizan. en los lugares vacíos del llanto contenido, abraso con la fiebre la última comida.

 

dejo que digas Tú que resbalas como pendiente vacía. dejo que los lugares solos se definan. resbalo por los confines del nombre y me derrumbo sola en la colina. no consolido más sin decir la pértiga pertinaz que me alza, ni la verdad a medias que se sabe escondida. no contengo más, con la fiebre ahora, la pertinaz lluvia que decían, para sofocar los fuegos de la frente.

 

 

 

 

 

 

 

paso quinto

 

acepta la sumisión de las anguilas quietas. yacen inmóviles en su agua. no saben del cielo azul que se vacía.

 

Luz Única que me avisa, del grito impertérrito con la mano que arranca

los hilos rotos de la boca. la boca ya no tiene sal ni tierra, la boca se vacía como el cielo.

 

habitaciones vacías en los ojos y en los dedos. vacíos los cuencos vacíos. lentos los dedos repasan la coreografía

 

aprendida de luz sola que fagocita las sombras.

 

hoy no hay tierra, y el agua salpica las liendres del pelo que lamen las conchas en su hondura. no hay más cadáveres aparcados en la arena. ondulan los tejidos deshechos en el agua. la hondura del agua no toca el hondo porvenir de la entraña.

 

nada se resigna a permanecer con la lengua que avisa. el lento roce del sueño se perpetúa ahora, y la sumisión toca. toca a muerte sin la esperanza. hemos roto el final que se esperaba. hemos batido los animales en su supervivencia. y los cazadores se ríen de la presa muerta,  la presa sangra y no palpita.

 

con todo no queda la lumbre que decías, y las cuevas son negras y el alma no toca, si quiere, esta Vida Que Esperabas. era ahora lo ido negro, ahora era la vida que ya no perfilas. no contesta la hoja que miras. no baila la gaviota sobre su agua. está rota la hondura que prometía, por la vid pesada y oscura.

 

 

 

 

 

paso sexto

 

avisa sin decir de todos los rincones ocultos con serpientes. hoy aguijona la letra que sangra, la letra que se adentra. estoy con los cuchillos afilados, sangro hacia dentro, me rindo y miro a los muertos. me dicen su silencio apocado y convencido.

 

no consolido hoy con el miedo la brizna que decía llana en la tierra

 

pobre es la mirada, recupera la poca vida que te queda. habla sin temor a la punzada.

 

me avisan del silencio en amarillos y me rindo con los tintes del medio sangrando negros por el suelo.

 

me avisan del final perpetuo que consolida los mimbres que nos sostienen. la sola luz que decía es ahora un baile informe. y me rescatan con manos invisibles las horas perpetuas con sus nieves. me hallo en el estómago de un monte con cuchillos avanzando.

 

los montes negros son hogares que se incuban. los lugares desde donde se gesta una guerra, y de la guerra un niño, como del estiércol el ganado vacuno.

 

gaviotas en matadero.

 

no avanzo más con el cuchillo. y la duda se perpetúa y la asumo. no avanzo más me rindo y me resiento. arraso con mi boca todos los hilos. consolido con mi voz sucia los cordeles que ciñen los pergaminos. los quemo y los arrojo a los ríos.

 

río negro me río. del sinfín de cosas adheridas

a la piel de los corderos que gimen negros.

 

refectorio en la comida de los últimos alimentos. consolido hoy los nombres que sacuden a las larvas, y las huevas se amontonan como humus en la tierra. ahora espero y espero. espero a que me digan la hora. la hora exacta donde no se germina ni gesta comienzo alguno. grado cero de la vida-una donde Todo Es Alimento.

hoy yazco con los cadáveres corruptos. amaron tanto sobre las piedras calientes, y quemaron sus trajes y navegaron lejos. la otra orilla es orilla negra. con montes como estómagos que engullen

 

los últimos menús, los últimos.

 

coge tu mano y arranca insólida[4] la solución fermentada. arranca estancada la sombra que se perfila y grita en la boca de los estómagos que amarran

la soledad de lo uno en la tierra amarga.

 

conozco los nombres que desfilan por la boca. solícita es la mirada. busca en la boca la palabra que sujeta, la solución amarilla como hez corroída.

 

no se oxida

la lengua con gamoneda[5], se perpetúa el óxido en las alfombras de las habitaciones y no se nombran

los hermosos pliegues de los salones.

 

no se nombran los salones de los ojos hoy cuando morí hoy, cuando no

sé más con los ojos y digo

mis hijos

 

mis labios

sujeto

predicado lamento rojo vivo lento.

 

no sé hoy desgajo la hiel que me consume, la fragmento y divido en partes divisibles y consolido con la voz la materia indisoluble

que vibra y no es.

 

porque diría algo que recuerde los pliegues de los vestidos, amables se sujetan gravitatorios, a la masa informe, que sujeta los confines del sonido.

 

no digo ya

los pliegues de las habitaciones ni los visillos que ocultan los ojos torcidos. los ojos temen ver la luz en su ranura. romper la tez negra que oculta los velos que traslucen.

 

sin comprender aviso en amarillos de las voces que me socorren. aviso azul y perenne sin saber de la rápida sucesión incongruente. porque para decir me repito y circulo y desmigo la tez negra de las habitaciones de los ojos.

 

no hay nadie a quien matar, ni morir por qué. no hay nadie, me ahogo con la emanación del azahar amarillo.

 

amarilla es la tez con que amago, distraigo los cojines blandos y corrompo con la voz

la negra disolución con que contengo

la sien partida.

 

 

 

 

 

 

 

paso al SOL

 

han extendido los vinos por el campo, los vinos secos de lengua. no contemplo más sin los nombres la boca la sed

lo mohoso del niño muerto.

 

he descubierto esa quietud con la tierra, tejen tiernas formas ondulantes, emana la sal de las bocas que tiemblan. no quiero decir más, la vista se levanta. me aparto lentamente para que entren las aguas que arrasan. no sé la voz lenta que avanza por la tierra, no sé el horizonte amarillo que chirría con el Sol poniente, no sé la tierra que arde y el monte que me esconde, con la simiente.

 

no sé más con las cartas ocultas. entrego las postales a los carteros negros que remansan las aguas. no comprendo, con el dedo suelto, el lento transcurrir de los lobos en estos tiempos. estoy conmovida con el ojo abierto, no contemplo más los nombres ni sé ni digo

 

ni deseo.

 

no sé más un cuerpo, disgregada tiemblo y espero, la Luz que decía con los mil y unos intentos

del ojo que mira haciadentro.

 

no contemplo más las redes abiertas por el suelo para atrapar luces pequeñas con destellos. no contemplo más sin saber la luz que decía, con cartas dispersas que levantan las semillas. no sé más en este horizonte plano y ambiguo

dónde está el final y dónde el comienzo,

y sostengo,

para no decir el mango firme que sabe,

el límite frío.

 

nos conmueve la rápida sucesión de los nombres que atribuimos, pero el ruido,

el ruido intenso, es amarillo en la sien

y rompe los gemidos

del animal pequeño.

 

no atribuyo ya más sin saber las tiernas formas ondulantes de los tejidos, a seres enormes, o sus simples notas disgregadas, sin querer saber ahora en las arenas de la playa.

 

no sé si  viera más ahora con la derrota. si con la derrota viera las armas quebradas o las lanzas.

 

sé que el gemido del muerto justo antes

de haberse ido, es como sexo animal copulando con el tiempo

 

me copula esta vida respirando por las células inermes de la tierra que arranca

la voz que decías sosegada de la lanza sangrienta de las bocas.

 

las bocas ahuyentan los nombres en amarillos para no decir la escarcha que se levanta con las huevas y la tierra.

 

 

no contengo más sin saber los nombres para decir ahora la nota sola que decían.

 

con el gemido último que arranco en las aulas negras, abraso los nombres en amarillos para disgregar, si acaso, el próximo nombre, alimento para los ojos ciegos.

 

no sé sin nombres, estoy aquí con el tejido abierto, el hilo conteniendo los cálidos mimbres los cálidos. no sé ahora no sé ni maldigo ahora, los cálidos mimbres en la disolución con el mendigo.

 

digo ahora los nombres para matar a los niños,

 

vamos a matar ahora con los conceptos las tiernas formas ondulantes de los ojos

 

donde se atraviesa prieto, conteniendo los nombres, las sienes los besos. aunándolo todo y sin saber sabiendo, los fines los contenidos enmarcados con su deseo de hiel

de negro foso.

 

sólo ahora con la voz en amarillos, con el desgarro, abarco la voz del niño.

 

 

 

 

(Fin del poema.)

 

 

 

 

[1] unum est necessarium, Lucas 10:42

[2] Con Antonio Gamoneda, en Descripción de la mentira.

[3] Maestra de Sócrates, famosa por el discurso que aparece en El Banquete de Platón.  Figura recuperada por Friedrich Hölderlin.

[4] Neologismo de la autora.

[5] Nuevo diálogo con el autor de Descripción de la mentira.

 

 

 

 

 

CONNATURAL

 

voy a quedarme sola para que los miembros me sacudan. para que hallen su hueco húmedo en la tierra. voy a sacudir los miembros para encontrar a las larvas. voy a conocer el nombre único que me llama. estoy

 

cansada para escuchar hoy la luz sola que se esconde por las noches. en lo oscuro con los ojos los nombres vuelven. mato los nombres con los ojos, en el grado cero donde se duerme. y despierto envuelta en luz sincolor sinnombre. has conocido

 

nombres para envolver los mimbres que consientes. para no ver la luz oculta que se expande y conoce lo sinnombre que te mece. aún

 

auspicio con los niños buenos alimentos para los que mueren. estoy conociendo poco a poco sin saber lo lento. lo lento que humea con tiento. habito

 

sin saber y los dedos se mueven en su baile perpetuo. consiento ahora la luz que gira levemente dentro de su espiral que se estira. negra

 

la luz oscura que se hace profunda. profunda para caer en luz que absorbe, la luz oscura. negras

 

las manos profundas de la tierra, para acoger las huevas cálidas. lenta

 

la disolución de las mareas. no son perpetuas. la marea

 

que me acuna hoy

 

con las piedras. lenta

 

la manada que recorre las marismas. buscan cobijo en las cuevas húmedas. lenta

 

 

la bandada que se posa eterna. sobre los acantilados del agua, con las gaviotas y las zarzas. vamos

 

a conocer ahora la siguiente palabra que enlaza. para destruir ahora el ojo que mira con los mimbres que auscultan. te perfora la mirada pero no es la persona la que mira. mira el alma. conviene

 

ahora sin saber la siguiente palabra. para decir con los dedos la simiente que se esparce rápida. aviso

 

con nombres para tocar la lama que se extiende. horizontal para saber. con ojos para ganar. ver

 

perder la luz se apaga en las máquinas expendedoras del agua. el viejo santuario con sus ventas superfluas. vale

 

ahora decir lo que no se aviene. lo que surge

 

por mí no trasgrede. es connatural a mí

 

lo que sucede.

 

 

 

 

VANO

 

habito en la constante impertinencia, con el labio roto, la boca. diciendo algo.

 

estoy con la constante salud de la anguila que dice palabras seduciendo.

 

convierto sin decir lo que se aviene con nombres. para nombrar lo rápido que no dice y se aviene palpitante. estoy con la seducción del nombre que te llama para resultar en incertidumbre.

 

estoy convencida del silencio que me rehúye.

 

quiero poner un precio a los amarillos que sucumben. quiero dejar de temblar con los nombres que interponen. quiero dejar de temblar ya con los ojos entre los mimbres.

 

tu creer decir, tu creer mirar-ser-nombrar. vano el silencio con los tallos erguidos. no digo. espero sin esperar, yazco, habito sin nombres, no digo.

 

lazo dela voz, del ojo. lazo de la nuca con memoria, con dientes blancos. lazo, nudo anudado con las sombras que te inundan. lazo de sus letras. ropas inciertas. consigo sin saber lo que se apunta. de nuevo al centro, tiemblo. no hay amarres pero si caigo. si caigo adentro. entonces bailo. entonces me lleva. entonces soy ola, o llama inseparable del fuego. fuego interno de la mano, del ser humano.

 

no entiendo. digo con nombres lo que apreso lento. no toco, llamo, no llamo no soy, no tengo.

 

gris es el viento, con anhelos. gris, en él escucho latidos tiernos.

 

 

no interponerme más, el nombre lento gris en el cieno. se dibuja lento. desconocido. yo digo palabras. mascullo cosas, establezco categorías, me miro en el espejo. y gimo. ahora el pecho. estoy perdida, derrumbo muros. ahora en la confusión donde hubo llanto y razones para hacerlo.

 

 

 

 

 DIOPOLO [1]

                                                                                             

 

ahora oscuro es el cabo suelto, oscuro el cabo de raíz. raíz de dioniso quemada. suelta la soga, la sílaba sin contenido. suelto el cabo oscuro con dientes blancos para afilar los témpanos del  hielo.

 

 conservados los nombres para el dictado. no matar el símbolo con los dedos, dibujar un salmo, conservar un sentido. el dictado interrumpido no, salvaguardado.

 

la ola que barre la arena. dónde queda bajo el cielo el espacio que se espera? no esperar el espacio, yacer en la superficie del océano, con surcos y mareas, y los ojos al fondo, con las piedras.

 

ojo vuelto de la tierra húmeda. perpetuo con su baile entre las algas.

la siega de las mareas. verdes en el agua, verde la siembra que se espera. se desea lo que se siembra, se espera sin voluntad, ahora, la piedra que sustenta la cálida luz oscura que nos conserva.

 

amplificar sin las palabras el espacio que se respira. nadar en esa agua cálida que se vadea. no interrumpir el baile pausado con las mareas. no temer

 

estoy en el camino, sin el miedo. conservo ahora los cálices que contienen el vino. estoy con ojos traspasándome para devorar la carne. carne sonriente que sucumbe. sucumbe con risa a lo que no perdura. el cielo se derrumba ahora y quedamos en la sombra de las aguas que oscilan.

 

hay que rendirse para decir la arena. rendirse para decir el dolor a pesar de la pértiga, la soga la aldea la percha la consigna que acecha.

 

hay que decir a pesar de la tierra. la arena que se deshace con la tierra. la piedra que sustenta la luz de los ojos.

 

con el sueño, la noche y su grado cero. el rápido movimiento del ojo para soñar luego. el estado intermitente sin el nombre para simbolizar apolíneo. la raíz de donde surge el espectro.

 

estar perdido, rendirse a lo que está muerto, dejar ir un espectro. insustancial el nombre que le pones, el símbolo.

 

todo era nada. todo se disuelve. quedamos en la electricidad de las formas[2]. con o sin consuelo.

 

avisar ahora con nombres para decir lo cálido, el suelo templado. donde voy pisando. el suelo con hierbajos, para cocido. el suelo denigrante de los pies que se calzan. los pies enfangados. que no vuelan. volar para soltar. con raíces para soltar, con raíz para volar.

 

la sangre para sangrar, los órganos para percutir, los ojos para deglutir

 

el nombre.

 

los ojos para decir los ojos para deglutir.

 

avisar de los nombres que le pones a la piedra que no dice. sólo el grito informe. sólo el grito sin nombre que no se transpone. no

 

concebir ya más nombres para el correlato infame. no poder simbolizar sólo el ritmo nauseabundo de los pies errantes. que no sucumben. al cielo ciego de los pies. al suelo perpetuo de las aguas, a la laguna con ojos, a los fosos de los niños muertos.

 

sucumben-no a los fosos de los viejos, a los fosos de los desaparecidos.

 

sucumben-no a lo impersonal sin números a lo polvo a lo disuelto a lo embarrado de los pies y de los ojos. morir para ver entre los miembros la luz perpetua que estaba ahí, con los nombres destruyendo la Bision doble.  [3]

 

arrojo los nombres a la cara del que dice para contestar así a su orden, interpuesto para la disolución de los necios. no nos dejan jugar con los tontos sabios, que nos enseñan en los patios.

 

disolver con nombres y arrojo los cerrojos que nos interponen para no decir lo que vemos.

 

contabilizar los nombres con sus categorías para morir. morir mañana, no morir hoy, conservar los cálices del vino para la disolución de las formas que interponemos.

 

hay ojos amables con pathos para perdonar la hybris de los desmesurados. consentimos así el perdón que nos otorgan los olímpicos con sus pies encumbrados. así

 

no sabemos más que el arrastre que arroja lo informe de los dedos. cansados.

 

sucumbimos al cansancio para no decir el arrojo y la furia y la violencia y el sexo, el animal encerrado, el animal con cerrojos, el animal rojo el desmesurado que bebe la sangre de su hermano.

 

 

 

 

 

 

 

[1] Término utilizado por algunos artistas para designar la hibridación de Dioniso y Apolo.

[2] Me cito, reitero, giro.

[3] Término extraído de Hombre en azul, de  Óscar Curieses.

 

 

 

 

​​​​

 

CONTURBADA (TRANSPOSICIÓN)

 

arquea la espalda con la niebla, la niebla de los ojos que no se cierran. abiertos se encorvan, los ojos hacia dentro. convertidos al nombre no articulado, con el grito. yazco plácidamente con el miedo que ahogo. donde no quedan nombres el blanco es un tejido cálido donde reposo.

 

cama verde colcha de tu piel. arquea la espalda que sujeta la niebla, la niebla del ojo que no se cierra. la colcha, verde cama. con los dedos que acarician

 

no estorba, es dialéctica la parada. es torpe la palabra para señalar la alcoba. la alcoba verde acolchada, la cama con la espalda encorvada. el ojo que arquea la alcoba blanca. la blanca curva de la espalda, la alcoba que se dobla, la espalda que es densa niebla. el ojo que se cierra, la mano que lenta acaricia                    

 

la lenta transposición de tu grito. encorva la mano para tocar. acaricia la espalda para arquear. conturbada la voz para gritar tu niebla, tus ojos, tu espalda, tu cama tu lengua.

 

lenta transposición, legal y conturbada, la espalda se contonea. sujeta los mimbres que señalan con la taquigrafía lenta que señala las costuras blancas. conturba la espalda señala se arquea la lenta sábana blanca, tejido que reposa en la colcha cálida.

 

música pequeña, transposición que roza, conturba la voz amarilla que intenta con la lengua decir la mirada. la mirada que se cierra. el  ojo que se vuelca. conturbada la mirada. se vuelca y se adentra. se adentra la lengua. conturbada la espalda. se espalda la lengua, se adentra la sábana. conturbada la palabra que grita. se adentra la lengua

 

para decir mañana que no llega. es ahora la niebla.